Quién es él, tal vez alguien cercano
a mí, quizás mi hermano, mi amigo, quién lo sabía por aquél entonces. Ese juego
tuyo que tal vez ni tu misma querías jugar pero que acabaste ganando, la
partida se acabó pronto, no quería que durara más. Intentaste hacerme ver que
era un resultado en tablas y tú eras quien había controlado la partida desde el
primer movimiento para resultar victoriosa. No me deberías haber juzgado por la
tranquilidad que me caracteriza porque no estaba bien, habías herido mi alma.
Tal vez nunca te importé o tu cuento te parecía perfecto, pero se trataba de
que los dos apareciésemos en el cuento. Me alegró saber quién era él, porque así
descubrí quién eras tú.
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